Predicando Sermones Que Predican

 

 

            ¿Tienes pies hermosos? Quizás quieras considerar Romanos 10:15 antes de contestar mi pregunta. “¡Cuan hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!” Felicidades si eres un predicador del evangelio, ya que tu llamado eleva tu posición a un grupo santificado con pies atractivos.

 

            En mi artículo anterior titulado Preparando Sermones que Impactan se les instruyo en como preparar mensajes bíblicos. Este artículo esta diseñado para guiarlos a través de la fase de entrega de la homilética. La preparación de sermones y la entrega o predicación de sermones no debe verse como dos cosas separadas, sino como una sola cosa unificada. Broadus escribe, “La preparación no es un discurso hasta que es hablado, asi la manera en que se habla debe también recibir atención.[1] Ambas están unificadas y el predicador no debe tratar de separarlas.

 

            Además, tanto la preparación como la predicación del sermón deben venir de una fuente completamente aceptable: de una persona de integridad. Si, ¡el carácter es importante! Aristóteles entendió esta verdad hace mas de dos mil años atrás cuando escribió: “El orador persuade por medio de carácter moral cuando su discurso es entregado de tal manera que el orador es considerado digno de confianza.”[2]  Pablo exalta a Timoteo en Filipenses 2:22 poniéndolo como un modelo de todo predicador cuando dice: “pero ya conocéis los meritos de el.”

 

El Uso de la Voz y el Cuerpo

 

            El apóstol Pablo le dijo a Timoteo en 1 Timoteo 4:13, “Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza.”  Pablo, el predicador experimentado le manda a Timoteo a que “se ocupe” (literalmente “se mantenga”) en la lectura pública de la Escritura. Aquellos a los que se les ha confiado con este privilegio sagrado deben tener suma atención en la practica de la lectura del texto para el sermón antes que sea leída en público.

 

            Tristemente, la lectura pública del texto bíblico del predicador ha perdido la preeminencia que una vez tenía. “Desafortunadamente, la lectura de la escritura en los servicios de adoración hoy en día son relegados a un nivel secundario –si es que todavía es leído.”[3] El consejo dado por Grant y Reed en Telling Stories to Touch the Heart (Contando Historias para Tocar el Corazón) debe ser tomado en cuenta, “Algunos encuentran que el leer la historia en voz alta 20 a 30 veces en privado les permite estar verdaderamente tranquilos cuando les toque leer ante una audiencia.”[4] Tu objetivo debe ser el de imitar a Jesús quien leyó la escritura con tanta convicción y reverencia en Lucas 4 hasta el punto que el verso 20 dice, “y los ojos todos en la sinagoga estaban fijos en Él.”

 

            Lee la Escritura con buena postura. Aspira a reflexionar el tono del autor en el pasaje con tu voz. La observación de Bartow es profunda “la neutralidad es una interpretación.”[5] No intentes imitar a otros con tu propia voz. Debes estar contento con la herramienta (la voz) que el Ser Supremo te ha dado, y debes confiar que el Espíritu Santo de Dios usara esa herramienta única para la gloria de Dios.

 

            Claridad a la hora de hablar es parte integral para una predicación efectiva. El predicador debe esforzarse por hablar claramente para que pueda ser escuchado. Spurgeon opina, “Algunos hombres son lo suficientemente fuerte a la hora de hablar, pero no son lo suficientemente claros; sus palabras traslapadas unas con otras, que juegan a brincar, o que se tropiezan unas con otras. Palabras claras son mas importantes que fuerza para hablar.”[6]

 

            El volumen apropiado también es necesario en la predicación.  “La manera mas natural para determinar el volumen apropiado para tu mensaje es el de hablar para que aquellos mas distantes te puedan escuchar fácilmente.”[7] Nuevamente, la opinión de Spurgeon debe ser tomada en cuenta “Entiende que el alcanzar a todos no requiere hacer explotar a las personas. Guarda las explosiones para los momentos en que son necesarios.”[8]

 

            “Nosotros constantemente nos comunicamos unos con otros por medio de la manera en nos vestimos y arreglamos nuestros cuerpos.”[9] La vestimenta del mensajero siempre debe ser apropiada para la ocasión. El predicador no quiere que su vestimenta distraiga a la audiencia de escuchar el mensaje de las buenas nuevas siendo proclamadas. Esto entonces significa que el debe saber que tipo de vestimenta esta mejor apta para el ambiente en que el va a predicar y luego debe vestirse de acuerdo al ambiente.

 

            Dios ha diseñado el cuerpo humano para moverse. Por ello, es natural que el predicador se mueva (no el mecerse pues ello muestra nerviosismo) cuando esta predicando. El predicador debe observar a los niños como ejemplos. Broadus observa que “La libertad y la variedad de acción exhibida por los niños cuando hablan unos con otros  muestra que es perfectamente natural esa manera de comunicarse.”[10] Por esta razón, el predicador debe moverse naturalmente durante el mensaje expresando libremente sus palabras con movimientos apropiados. Sus movimientos deben ir a la par con los elementos mentales y emocionales del mensaje.

 

            El predicador debe buscar el usar gestos que son apropiados a su mensaje. Robinson da el siguiente consejo, “Tus gestos deben enfatizar lo que hablas..”[11]  Robinson luego va a dar buenos ejemplos.  “En un juego de fútbol americano los fanáticos del juego se encojen cuando su corredor favorito cae victima de una entrada fuerte; algunas veces algunos espectadores van a golpear el asiento de enfrente mientras observan como el equipo hace un tiro de campo.”[12]

 

            Hay tres cosas que tu debes practicar cuando se habla de gestos. Primero, deben completar todos los gestos. Las personas no quieren ver manos levantadas a medias cuando uno imita a un arbitro que esta diciendo que el tiro de campo fue bueno. Segundo, se deben variar los gestos. Los congregantes no quieren ver a una persona que habitualmente hace los mismos gestos. Finalmente, asegúrate de que tus gestos se hagan en un tiempo apropiado. Se dice que Spurgeon dijo a su clase de predicadores que cuando tu hablas acerca del cielo, tu dejas que tu rostro brille con el resplandor del sol y toda su gloria, pero cuando tu estas hablando del infierno, entonces tu rostro natural hará su trabajo.

 

            Dios no solo te ha dado ojos para ver pero también para usarlos para comunicarse. Tus ojos pueden reflejar si tu estas interesado en la persona con la cual estas teniendo una conversación. En cambio, tus ojos pueden comunicar que tu no estas realmente interesado en hablar con alguien por medio de la falta de contacto visual con ese individuo. Por lo tanto, es muy importante que el predicador use sus ojos en el proceso de predicación.

 

Es crucial que el predicador viva el texto que esta predicando por medio del uso de los ojos visualizando el texto. Craddock escribe, “El experimentar nuevamente nuestro material durante la predicación del sermón ofrece tremenda ayuda en esta área. Los ambientes y escenarios del mensaje moverán los ojos de manera natural, al menos que uno ya haya aprendido malos hábitos.”[13] Este consejo anteriormente mencionado es superior que el usar los ojos moviéndolos de manera sistemática de derecha a izquierda. El predicador, debe mirar detenidamente por unos segundos cada parte de la congregación. Tu audiencia nunca debe sentir que el mensaje es artificial.

 

El Poder del Espíritu Santo a través de la Pasión y La Oración

 

            El acto de predicación debe ser acompañado por la unción de Dios. Vines y Shaddix escriben, “Mientras el predicador crece en la confianza del llamado de Dios y construye una fundación fuerte de convicciones acerca de la Palabra de Dios y de la práctica de adoración intima y personal, la unción divina entonces no estará muy atrás.”[14]  Ellos describen la unción como “el fervor espiritual que fluye a través de un hombre en el evento de predicación.”[15] Es por medio de la unción que Dios permite que un hombre predique con pasión.

 

            Hay muchos estilos de predicación, pero cada mensajero de la palabra de Dios debe mostrar pasión en la predicación. En otras palabras, ellos necesitan demostrar que creen el mensaje que están comunicando. Craddock observa la necesidad de tener pasión en la predicación. “es difícil creer que el mensaje del evangelio dado por las Escrituras y por esta ocasión germinado en el abono del estudio, imaginación, y oración pueda ser predicado como si nada estuviera en juego.”[16]

 

            ¿Por qué le falta pasión a algunos pastores en sus predicaciones? Alex Montoya da algunas razones porque los predicadores no están predicando con pasión en su excelente libro titulado Predicando con Pasión.[17]  El cita las siguientes razones para una predicación sin pasión: la imitación de oratorias del seminario, intelectualismo, inexperiencia en la vida, personalidad inhibida, e ignorancia de la audiencia.”[18]

 

            La buena noticia es que tu puedes aprender a predicar con pasión mientras dependes del Espíritu Santo de Dios. Hechos 1:8 dice, “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo ultimo de la tierra.”  Confía en que Dios trabajara por medio de la palabra predicada como lo hizo Spurgeon que dijo, “Yo creo en el Espíritu Santo.”[19]

 

            ¿Cómo puede el pastor experimentado mantener su predicación fresca? “Nada te llenara mas con el sentimiento de la fortaleza y presencia de Dios que tiempos largos, sin interrupción de oración.”[20] Tu ministerio de predicación será mejorada grandemente al seguir las convicciones de los apóstoles en Hechos 6:4 cuando dijeron, “Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra.”

 

            Siempre ha habido un gran enlace entre predicación fuerte y mucha oración. John Piper ha hecho una gran contribución a la homiletica a través de su libro titulado The Supremacy of God in Preaching (La Supremacía de Dios en la Predicación).[21]  Piper ha sido impresionado grandemente por el escritor Jonathan Edwards.  Piper cita a Edwards quien le dijo a los ministros, “para poder quemar e iluminar luces, debes caminar cercamente con Dios, y mantenérte muy cerca de Cristo…Y deben buscar mucho de Dios, y conversar con El en oración, quien es la fuente de la luz y del amor.”[22]

 

            En 1874 Frances Ridley Havergal escribió un himno hermoso de devoción en el libro Take My Life and Let It Be (Toma mi Vida y Déjala Ser). Una Estrofa dice: 

 

            Toma mis manos y déjalas moverse Al impulso de Tu amor;

            Toma mis pies y permíteles que sean veloces y hermosos para Ti,

            Veloces y hermosos para Ti.

 

 Que estas palabras sean verdaderas de tus pies mientras ellas te llevan a proclamar Su preciosa Palabra.

           

           

 

 

           


 

[1]   John A. Broadus, On the Preparation and Delivery of Sermons (4th ed., San Francisco, CA: HarperCollins, 1979), 264.

[2]   Aristotle, Art of Rhetoric (Cambridge, MA: Harvard, 2006), 17.

[3]   Steven J. Lawson, Famine in the Land (Chicago, IL: Moody, 2003), 95.

[4]   Reg Grant and John Reed, Telling Stories to Touch the Heart (Eugene, OR: Wipf and Stock, 1990), 15.

[5]   Charles L. Bartow, Effective Speech Communication in Leading Worship (Eugene, OR: Wipf and Stock, 1988), 86.

[6]   Charles H. Spurgeon, Lectures to My Students (Grand Rapids, MI: Zondervan, 1954), 115.

[7]   Bryan Chapell, Christ-Centered Preaching (Grand Rapids, MI: Baker, 1994), 317.

[8]   Spurgeon, Lectures to My Students, 115.

[9]   Duane Litfin, Public Speaking (2nd ed., Grand Rapids, MI: Baker, 1992), 321.

[10]   Broadus, On the Preparation and Delivery of Sermons, 290.

[11]   Haddon W. Robinson, Biblical Preaching (2nd ed., Grand Rapids, MI: Baker, 2001), 110.

[12]   Ibid., 210.

[13]   Fred B. Craddock, Preaching (Nashville, TN: Abington, 1985), 220.

[14]   Jerry Vines and Jim Shaddix, Power in the Pulpit (Chicago, IL: Moody, 1999), 64.

[15]   Ibid.

[16]   Craddock, Preaching, 220-221.

[17]   Alex Montoya, Preaching with Passion (Grand Rapids, MI: Kregel, 2000).

[18]   Ibid., 16-18.

[19]   Spurgeon, Lectures to My Students, 185.

[20]   Bruce Mawhinney, Preaching with Freshness (Grand Rapids, MI: Kregel, 1997), 137.

[21]   John Piper, The Supremacy of God in Preaching (Grand Rapids, MI: Baker, 1990).

[22]   Ibid., 99.

 

 

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